A mis 41 años de edad estoy realmente cansado de todo lo relacionado con el sexo y la sexualidad. Eso de enamorar, seducir, engañar, invitar, galantear, lavar el carro, bañarme, perfumarme y vestirme bien, hasta que por fin, un día... ¡Ufff! ¡Me da flojera! Sí, me
canso antes de empezar. Razón tenían los antiguos cristianos cuando decían que "todo placer tiene su calvario".
A mi longeva edad, me doy cuenta de que de verdad no hay placer sin calvario. Todo lo bueno hay que pagarlo.
Traumatizado por lo anterior, fui a visitar a mi sexólogo, el doctor Rómulo Aponte, quien, y esto es una primicia, está escribiendo un libro sobre mi caso.
Hablé con Rómulo y le pedí sus acertados consejos.
Mi sabio doctor me explicó que yo no tengo la culpa de mi flojera sexual, que una cosa es mi arrugado y vejestorio cuerpo azul de Viagra y otra, mi celebro. Él dijo que mi celebro está cansado y es el que manda en mi cuerpo.
Me quedé patidifuso, o sea, nunca he sido yo, es el celebro quien me hace quedar mal. He aprendido que las otras partes de mi cuerpo son absolutamente inocentes, esto quiere decir que cuando a mí me da flojera enamorar a una mujer para acostarme con ella, el celebro es quien realmente tiene la flojera. He aquí parte de mi conversación con el doctor Rómulo Aponte:
C. -Doctor Aponte, ¿qué es el celebro?
R. -El celebro es un órgano muy raro, aguado, blanco y lleno de zanjas que hasta hoy nadie sabe para qué sirve. Está compuesto por millones de cédulas que le dan identidad pero es tan aguado que se chorrea por el centro de la columna vertebral hasta el ano.
C. De acuerdo con sus estudios, ¿para qué realmente sirve el celebro?
R. -Como tantas veces lo hemos conversado y estudiado, el celebro es un órgano residual, es decir, se supone que alguna vez, durante la evolución humana, el celebro servía como señuelo para la caza. Más tarde fue evolucionando hasta que llegó a su amorfa forma actual y se supone que de continuar la evolución, el celebro, al igual que las tetas de los hombres, desaparecerá.
C. -Hay algo que no entiendo, doctor Aponte, si el celebro es tan inútil y está en vías de extinción, ¿por qué usted ha dedicado su vida profesional a estudiarlo?
R. -¡Vainas locas de uno ...! Me gusta hacer cosas inútiles. Estudiar el celebro es como casarse: todo el mundo sabe que eso no sirve, pero la gente va y se casa.
C. -Pero doctor, ¿no hay una contradicción en todo esto?
R. -¡Claro que la hay! Y eso es lo más interesante... a la gente le encanta estudiar y hablar cosas inútiles. Así somos: mientras menos sepas de algo, más interesante se pone. ¿Entiendes?
C. -No.
R. -¡Te felicito porque yo tampoco nunca lo entendí!
C. -¿Cómo son y para qué sirven las millones de cédulas del celebro?
R.-Son como cualquier cédula pero chiquitas, aunque últimamente se ha hecho cada vez más difícil conseguirlas, tenemos que reconocer que el gobierno bolivariano ha implementado excelentes operativos para sacar las cédulas del celebro. Ahora bien, ¿para qué sirven? La respuesta es obvia: sirven para conversar sobre el tema. Además, ¿por qué todo tiene que servir para algo?
C. -Doctor, ¿cada celebro es un mundo?
R. -¡Claro! Además, todos, en algún momento, celebramos algo.
C. -Gracias, doctor Aponte por tantas luces.
R. -De nada, apágalas cuando salgas.
Opinión
Claudio Nazoa
El Nacional / ND
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