domingo, 26 de diciembre de 2010

Un país es su universidad

Opinión
Rafael Pinto
ND
 

Para todo país la situación de su sector educativo y en especial su universidad, define sus
oportunidades de calidad de vida y progreso. Fuera de estos escenarios muy poco hay que buscar para encontrar lo que es y serán sus ciudadanos.

Así encontramos sociedades desarrolladas o atrasadas indistintamente si cuentan con mucha, alguna o poca riqueza material. Por ejemplo, citando casos extremos, países africanos como el Congo o Sur África cuentan con suelos potencialmente explotables o riquezas mineras, sin embargo les falta mucho para hacer que su población disfrute una buena calidad de vida; en contraste Japón o Suiza carecen de importantes reservas materiales, sin embargo sus poblaciones se encuentran entre las de mejor vivir. También hay países desarrollados con riqueza de suelos o material, como lo son Canadá o Noruega, y atrasados carentes de recursos como lo es Haití.

Qué explica esta aparente contradicción, que la riqueza de un país no se encuentra en la calidad de sus suelos o contar con recursos minerales valiosos, eso ayuda pero no es lo determinante, esta se encuentra en la calidad competitiva de sus recursos humanos. Y digo calidad competitiva por cuanto la diferencia humana no descansa en su constitución física o mental, la cual es igual en toda la especie humana, está en el dominio que ella tiene sobre la naturaleza y su capacidad para hacer uso de ella y así crear, disponer y disfrutar.

Los ciudadanos se hacen competitivos obteniendo conocimientos del sistema educativo que tenga a su disposición. De ahí que la calidad de la enseñanza en todos los niveles determina las reales posibilidades presentes y futuras de la sociedad.

Es claro comprender que es en la universidad donde se forman las mentes que están destinadas a dirigir el país. Cuando los dirigentes son incultos o poco cultos, carecen de capacidad para evaluar y decidir rumbos que lleven a lo mejor, por el contrario, sus órdenes muestran actitudes caprichosas que no pueden justificar, por eso esa clase gobernante no acepta discutir ni confrontar ideas y eso sucede, fundamentalmente, por cuanto carecen de una base teórico práctica que le sirva para defender sus posiciones. Entonces son “pericos” en el hablar y “autistas” en el escuchar. La característica de estas sociedades es que el líder es más importante que las ideas.

En contraste, cuando los líderes de los procesos son educados, están consientes de sus límites intelectuales y materiales, se saben rodear de especialistas, que por ser mejores que ellos en determinadas materias, les oyen sus ideas las cuales les sirve para la toma de decisiones, la cual es colegiada o colectiva. En este escenario, las ideas son más importantes que los líderes.

Es en este último escenario en donde las sociedades encuentran en sus líderes y ciudadanos las posibilidades de progreso y bienestar, por eso cuando lo importante es tender al desarrollo, el esfuerzo para lograrlo descansa en su sistema educativo, el cual debe ser autónomo, universal y especializado.

Cuando una élite gobernante convierte a su sistema educativo en puntal de su ideología, haciendo a sus universidades, no espacios para el encuentro y discusión de las ideas, todo lo contrario, para la difusión de la idea particular de sociedad que se tiene, en donde el educando se encuentra con que todo está hecho, o sea no debe pensar solo tiene que hacer según lo ya decidido por la nomenclatura, entonces las universidades dejan de serlo para convertirse en centros de formación ideológica. Esa sociedad cerró su universidad y con ello sus oportunidades de progreso y crecimiento.

Al final tenemos una nomenclatura que persigue, reprime y penaliza el pensar distinto, y se entiende que lo hace fundamentalmente por cuanto su norte es imponer su ideología por encima de cualquier otra consideración social o moral, y tiene que ser así por cuanto no tiene fundamentos para defender sus ideas, las cuales tiene que imponer a la fuerza, con procedimientos coercitivos, usando el sistema judicial para sancionar el delito de opinión.

Las consecuencias, un país que hunde en el atraso a su sociedad, haciéndola más dependiente del mundo, única manera que encuentra para eternizarse en el poder, el cual es su única meta en la vida, sin importarle la desgracia que infringe a su país.

Finalmente, queda en la sociedad determinar que quiere para su futuro, si por comodidad o miedo decide acomodarse a los caprichos de la élite gobernante, tiene que saber que no habrá un mañana bonito para sí y los suyos; por el contrario, si lo que desea es tener un futuro cada vez mejor, tiene que luchar con todas sus fuerzas para hacerse de una educación de primera.

¿Qué cree usted que tiene que hacer cada ciudadano?

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