En Cuba, la cultura hip hop es verdaderamente underground. Los pilares de esta movida musical son clandestinos, desde los ensayos y grabaciones a espaldas de los CDR hasta los conciertos, habitualmente organizados en lugares de difícil acceso en la periferia de La Habana. El fotógrafo Oscar B. Castillo tradujo en imágenes la que considera una de las expresiones artísticas y sociales más genuinas de la isla, a la que viajó en dos oportunidades para vivir como un cubano más.
Durante 90 días repartidos entre 2008 y 2010 su cámara captó a El Brujo, un rapero de fuertes influencias africanas, y a Papa Humberto, la cabeza de Real 70, el estudio musical que funciona como eje del hip hop cubano y por el cual han pasado todos los raperos "serios", según el documentalista. Sus retratos aparecen junto a los de El Mestizo, Anónimo Consejo, Silvito El Libre el hijo de Silvio Rodríguez , Soandry y otros artistas en la exposición Luchando con rimas .Castillo comenzó escuchando la música de estos hip hoperos ajenos al bling bling y a las grandes disqueras, cuyas elaboradas letras hablan de Mao y de Fidel y desafían la censura oficial. Se bajó del avión y se dio a la tarea de precisar a unos artistas más bien anónimos, cuyas canciones pasan de pen drive en pen drive en un país sin correos electrónicos ni celulares, en el que además nadie desea hablar abiertamente con extraños. Se integró a la movida y se convirtió "en un pana más" como él mismo dice para realizar el trabajo documental que mostró el año pasado en Barcelona, España.
Las fotografías que se exhibirán en la Organización Nelson Garrido huyen de la pose y el flash tanto como del castrismo y del anticastrismo. La idea del venezolano residenciado en Francia es ofrecer una aproximación honesta y nada panfletaria de la contracultura y de la cotidianidad de Cuba, a través de imágenes que no resultan complacientes ni para La Habana ni para Miami.
"Antes de oírlos no me imaginaba que existía un movimiento fuerte de crítica social, de libertad, de lucha por un cambio en Cuba. Me llama la atención que estas expresiones vienen de gente que creció allí y que cree en los ideales de la revolución, pero que quiere un cambio. Fui a la isla con la idea de conocerla en este preciso momento, cuando está en proceso de transformación.
Es un país que quiere emerger", dice durante el montaje de la muestra el fotógrafo especializado en el tema de la violencia.
Los músicos no siempre aparecen en el escenario o en el estudio de grabación. Castillo los inmortaliza en una suerte de odisea posmoderna, tratando de montarse en el autobús que los trasladará a un espectáculo que tendrá lugar a dos horas de distancia de La Habana, leyendo los textos de Malcom X, haciendo la cola para recibir su cuota de alimentos, trabajando en una barbería o frente a un bicitaxi. "Evidentemente, los raperos cantan, pero yo buscaba algo más allá de lo obvio. Quería mostrar la vida del cubano promedio, su día a día, a través de los ojos de estos artistas jóvenes".
Las fotografías reflejan las situaciones que implican hacer hip hop en La Habana, cómo viven los cantantes y músicos, dónde trabajan, y sobre todo quiénes los siguen. "Quiero ofrecer una visión sincera de la realidad de la isla y sus raperos. En un país donde la información es limitada, ellos son los voceros de la gente que por miedo, falta de voluntad o facilismo no dice lo que piensa. Su mensaje va de mano en mano y se lo hacen llegar a sus familias, a sus amigos, al Gobierno, a su propia generación".
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