La historia es una vaina, porque no importan las mentiras, ella siempre está allí para quien la quiera ver. Y cuando es contemporánea y reciente, aún peor, porque hay testigos vivenciales.
Las elecciones de 1988 fueron para mi inolvidables, con muy poca experiencia en el mundo político, ni siquiera podía votar, y siendo que mi padre decidió “endosarme” su voto, le pedí que lo hiciera por Eduardo Fernández. Más por solidaridad con mi familia, toda copeyana, que porque me gustara. A esa edad uno es así de cabeza e' ñame.