Aún faltan más de 800 días para que se celebren elecciones presidenciales en Venezuela y son muchas las cosas que pueden pasar. En realidad demasiadas, si tomamos como parámetro lo rápido que ocurren las cosas en nuestro país. No obstante, pareciera hoy mucho más factible que el 02 de diciembre de 2012 un candidato de oposición pueda derrotar electoralmente a Hugo Chávez. A propósito de las recientes e infelices declaraciones de un alto jerarca
militar manifestando un desconocimiento castrense de un eventual triunfo opositor, a mi juicio, es oportuno preguntarse cómo anticiparse y asumir una postura estratégica favorable y resolver esa duda: ¿Cómo defender el triunfo?
Demás está decir que lo dicho por este general es causal de destitución y de castigo. Ya suficientes voces se han pronunciado sobre eso. Yo por mi parte advierto que no soy un experto en materia castrense y que tampoco poseo elementos para determinar cuán profunda y respaldada es dentro de la Fuerza Armada esta opinión expresada por Rangel Silva, pero lo que sí es cierto, es que en todos estos años las muy dudosas actuaciones militares me obligan a pensar que hay una probabilidad cierta de que una pequeña camarilla absolutamente fanatizada podría intentar torcer la voluntad popular. Por supuesto, otra cosa es que tengan éxito. Precisamente hay que prepararse para eso: impedir por todas las vías posibles que un fraude como ese pueda materializarse.
Muchas veces, antes de un evento electoral en Venezuela se discute sobre la mucha o poca presencia de opositores como testigos en las mesas electorales. Sobre eso me referiré en breve, pero en 2012, la defensa del voto necesariamente trascenderá a tener presencia sólo en los centros electorales. Hay otros espacios que también deberán ser defendidos y atendidos: la efectiva realización de una observación electoral seria y una franca y directa comunicación con sectores militares institucionales, por ejemplo. Comencemos por lo básico.
Defensa del Voto y Veeduría
Las elecciones parlamentarias de septiembre se constituyeron como un hito muy importante en materia de presencia en mesas para los sectores opositores: no ha habido número mayor de testigos en los centros electorales en estos últimos diez años. Para enfrentar una amenaza como la dibujada por Rangel Silva, hay que proceder a ensamblar desde ya una red de defensores del voto aún más grande. Si se tienen dos años para estructurarla y alimentarla, hay que fijarse unas metas muy claras y ambiciosas: yo propongo que como mínimo se duplique la presencia observada en septiembre de 2010 y si fuese posible, intentaría triplicarla. Mientras mayor masa crítica, mejor.
Paralelamente, la oposición debe desarrollar algo que aún no ha podido lograr: desarrollar un sistema de contabilidad, recopilación y publicación en plataformas digitales en tiempo real de las actas de escrutinio de cada mesa electoral de cada centro de votación. Eso es algo fundamental que la vacuna contra cualquier intento de manipulación.
Algo crucial es dar una lucha titánica en todos los frentes necesarios para lograr la realización de una Misión de Observación Electoral que sea de larga data (varios meses) y no una que sea sólo efectuada en los últimos días previos a los comicios que se asemeja más a una jornada de “turismo electoral”. Con esta acción, en realidad se cumplirían dos objetivos: el primero es evidentemente que terceras partes independientes puedan documentar las distintas y profundas asimetrías que hay en los procesos electorales venezolanos, combatiéndolas con denuncias y segundo y más importante, que esta observación funja como un factor clave que eleve tremendamente el costo político para quienes quisieran adelantar un fraude. Si hay una organización política eficiente y vigorosa que pueda proveer pruebas contundentes (pienso en las actas, por ejemplo) de que no se ha respetado la voluntad de los electores, la probabilidad de un pronunciamiento favorable de esa Misión se eleva notablemente. En el peor de los escenarios –entiéndase que no se logre la oficialización de este grupo de observadores–, igualmente hay que hacerlo de manera informal y generar una masa crítica de “observadores independientes”. Estas gestiones deben iniciarse ya, para después es tarde.
Además de lo anterior, debe construirse una operación política y comunicacional que se fije como objetivo la presencia de la mayor cantidad de medios de comunicación internacionales con la mayor antelación posible a la cita electoral presidencial. La finalidad estratégica primordial de esta tarea es tener un buen grupo de periodistas independientes que puedan reflejar los potenciales abusos y que de nuevo, sirvan como un muro de contención ante las arremetidas del chavismo. Sin duda las elecciones presidenciales venezolanas serán noticia, pero oportuno es contar con la presencia de estos “ojos y oídos” que puedan registrar lo que acá ocurrirá en esos días tan importantes para nuestra historia.
Comunicación con el estamento militar
En mi criterio, la tarea más importante para defender un triunfo opositor en diciembre de 2012 es establecer una comunicación clara, directa y franca con los sectores militares. Mejor aún, sostener comunicación con las autoridades más altas de ese mundo, por mala sea la imagen que se tenga de ellos. En el caso de que esta sea precisamente la camarilla interesada en no reconocer, pues habrá que recurrir a los mandos intermedios para que se cumpla la Constitución. Antes de que alguien pueda hacer malas interpretaciones al respecto, obviamente, no estoy haciendo ningún llamado a conspiraciones ni nada por el estilo. Jamás.
Lo que estoy proponiendo es que al menos durante los días de ese proceso electoral, no se pretenda que los militares “respeten la Constitución” sólo emitiendo declaraciones enérgicas en la televisión. Eso también hay que hacerlo, pero de lo que hablo es que con pruebas documentales en mano (de nuevo, las famosas actas) y con información sistematizada y fidedigna, se pueda conversar con las autoridades militares que corresponda para demostrarles que la voluntad del pueblo venezolano decidió cambiar a Hugo Chávez por un nuevo presidente.
Estas líneas que usted acaba de leer parecen algo insólito y que en cualquier país normal del mundo estarían de más, pero en una situación tan particular como la que acá vivimos es necesario hacerla explícita. Sin necesidad de ninguna amenaza, pero con un tono firme, es preciso manifestarle a ese estamento que habrá un pueblo que no sólo decidió en las urnas el cambio de rumbo, sino también que es capaz de manifestarlo en las calles a viva voz. Los triunfos electorales que significan una transición de un régimen autoritario a uno democrático –está demostrado– siempre tienen un ingrediente en común que es absolutamente necesario: presencia del pueblo en las calles una vez se sepa claramente que los “autoritarios” fueron desplazados democrática y pacíficamente del poder. Es así y tengo muchos elementos para pensar que así será.
Este es un tema espinoso, pero es algo en lo que se debe avanzar. Por supuesto, siempre dentro de los cauces institucionales. Ahí está el reto. No quiero dejar de decir que nada de lo anterior es muy viable si en principio no se formula una estrategia que tenga como objetivo el obtener un resultado electoral claro en el que haya una ventaja amplia, indiscutible y contundente. Pensar en un nuevo escenario de dos mitades muy parecidas y parejas es sumamente peligroso. En una elección como la del 2012 donde la ventaja sea de 100 mil o 200 mil votos, cualquier cosa puede pasar y no hay espacios para la equivocación. Necesario es organizar una mayoría clara que no deje lugar a dudas –para los venezolanos y para el mundo– de quién ganó.
Me encantaría conversar con usted directamente sobre este tema, le pongo a su disposición mi cuenta Twitter para que sigamos elaborando sobre este tema.
http://runrun.es/polytica/7136/%C2%BFcomo-defender-el-triunfo.html
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