lunes, 11 de abril de 2011

Al menos tres preguntas sin respuesta sobre el 11A

El día de mañana se conmemoran nueve años de aquel fatídico 11 de Abril de 2002, en el que sin dudas cambió la historia de nuestro país. No quiero detenerme este año, en los terribles márgenes de abuso que rodean a tales acontecimientos, ni en las persecuciones que desencadenó, y que aún hoy por hoy, nos hacen sentir su peso con un
odio propio de encarnizados enemigos, que no terminan de aceptar que en aquel lance la que resultó perdedora fue la nación entera.

La situación con respecto a los sucesos de Abril de 2002, y a las investigaciones que debieron haberse hecho sobre los mismos, no ha cambiado. Más allá de cualquier otra consideración, las ganadoras, por ahora, siguen siendo la impunidad y la mentira, pues sólo el futuro servirá, de eso no me cabe la menor duda, para enderezar los entuertos y mostrar a las futuras generaciones la realidad de lo que verdaderamente aconteció.

Quiero sin embargo llamar la atención -quizás para dejar claro, valga el oxímoron, que todo sigue oscuro sobre el 11A- sobre algunas preguntas, tres concretamente, aunque son muchas más, que aún permanecen sin respuesta. Con ello quiero dar cuenta de que lo antes afirmado, en el sentido de que la mentira sobre Abril de 2002 es lo que se ha impuesto hasta estas fechas, es radicalmente cierto.

¿Chávez renunció? Todo parece indicar, pese a los intentos oficiales en declarar lo contrario, que sí, pero el tema permanece nebuloso. ¿De dónde sale la anterior conclusión? Fijémonos en los hechos: El primero tiene que ver con la expresión del Alto Mando Militar por boca de uno de sus más importantes representantes, Lucas Rincón, de la que no cabe dudar porque nada más que las palabrerías presidenciales la han contradicho.

Este señor dijo el 12 de Abril de 2002, sin cortapisas, que a Chávez se le había solicitado su renuncia, la cual aceptó. Ya eso debería ser indicio más que suficiente para concluir que en efecto así ocurrió, pero hay otros hechos especialmente relevantes que apuntan a lo mismo, y que no tienen que ver, dicho sea de paso, con lo que hizo o dijo la oposición sino con lo que hizo y dijo el mismo oficialismo.

Diosdado Cabello, que fungía como Vicepresidente en ese momento, se juramentó como presidente interino durante esos días, concretamente el 13 de Abril de 2002, y ello sólo podía ocurrir según lo pautaba y lo pauta la Constitución Bolivariana (Art. 233) ante una ausencia absoluta del Presidente.

La ausencia absoluta del Presidente, lo dice ese mismo artículo, se estima como tal cuando se da alguno de estos hechos: Su muerte, que no ocurrió; su destitución decretada por el TSJ, que tampoco ocurrió; su incapacidad física o mental, que no estaban comprometidas ni habían sido declaradas; el abandono de su cargo pronunciado formalmente por la AN, lo que tampoco pasó; la revocatoria popular de su mandato, que no tuvo lugar; o también por su renuncia, que es lo que el Alto Mando Militar anunció que había sucedido.

Me pregunto ¿Si no se había dado tal renuncia, por qué Diosdado Cabello, hombre de absoluta confianza de Chávez, asumió que el presidente sí había renunciado? Nótese que no fue un opositor el que corroboró la renuncia del Presidente, sino dos personajes del propio oficialismo, Lucas Rincón y Diosdado Cabello, los que con sus hechos aceptaron y validaron que la dicha renuncia tuvo lugar.

Ello es de particular importancia porque si Chávez renunció –y todo parece indicar, por boca y hechos de sus seguidores, que así fue- hoy por hoy no es el presidente legítimo de Venezuela ¿Por qué? Porque si dicha falta absoluta, por renuncia por ejemplo, se da como se dio en aquel momento en el término de los primeros cuatro años de su mandato, no sólo le corresponde al Vicepresidente asumir el mandato, lo que en efecto hizo Diosdado Cabello, sino que se debe convocar, como lo ordena el tercer párrafo del Art. 233 de la CRBV, a elecciones en un plazo no mayor a los treinta días consecutivos siguientes, lo que no ocurrió, entonces ¿Qué fue lo que pasó?

Del otro lado de la acera política, y hasta desde la perspectiva internacional, cabe hacer también algunas preguntas interesantes, que como la anterior aún permanecen sin respuesta: La primera tiene que ver con el desempeño de Pedro Carmona Estanga.

Si asumió, “auto juramentándose” –lo cual da cuenta de la expresa arbitrariedad de sus actos- la presidencia de la República, y tomó posesión del Palacio de Miraflores basándose supuestamente en la Constitución ¿Cómo es que luego dictó un decreto, en el que se desconocía virtualmente todo lo que decía y dice nuestra Carta Magna?
¿A quién servía realmente con tales propósitos? Recordemos que no sólo destituyó a todas las autoridades de los poderes públicos constituidos: AN, TSJ, etcétera, sino que además “revocó” de facto el mandato a todos los alcaldes y gobernadores electos democráticamente hasta ese momento, lo que dio lugar a una “vuelta de cara” militar, que forzó el retorno al poder de Hugo Chávez, y consecuentemente lo relegitimó y le sirvió de base a persecuciones que aún no han cesado.

De hecho, lo que dio lugar a la más encarnizada persecución contra los llamados “Carmonafirmantes”, no fue el empeño del oficialismo, sino el libro “Mi testimonio ante la historia” de pluma y letra, precisamente de Carmona Estanga. De nuevo ¿Para qué equipo estaba jugando, en esta movida?

Vistos los hechos, entre los que destacan, por ejemplo, que asumió la presidencia y ni siquiera tuvo la inteligencia de sustituir la Guardia Presidencial, no se sabe ni en esta jugada ni en la anterior, de qué lado verdaderamente estaba Pedro “El breve”, como lo motean los oficialistas. También llama mucho la atención que aunque se sabe dónde está y qué hace, el gobierno le “deje ser” y en realidad no haga mayores esfuerzos para postrarlo ante su justicia “revolucionaria”.

La última de las preguntas sin respuesta, tiene que ver como ya lo adelanté, con el desempeño y la postura de la comunidad internacional, y de los organismos internacionales, sobre los sucesos de Abril de 2002. Específicamente con la falta de pronunciamiento sobre estos sucesos de la que hace gala la Comisión Interamericana de DDHH (CIDH).

El caso, en representación de un importante grupo de víctimas de los hechos, fue llevado a conocimiento de la CIDH el 12 de Octubre de 2002, ante la absoluta imposibilidad de lograr justicia en el país, y dicha petición fue formalmente admitida el 21 de Octubre de 2006. Desde allí se presentaron todas las evidencias necesarias, lo que culminó en una audiencia formal, está en Internet para quienes deseen verla, en Julio de 2007, en la que tanto el gobierno como los representantes de las víctimas expusieron sus alegatos finales.

Sin embargo, para ingrata sorpresa, desde ese momento hasta ahora, casi cuatro años han pasado, y no ha habido pronunciamiento alguno sobre los acontecimientos, ni favorable ni desfavorable al gobierno, con lo que la CIDH está haciéndose responsable de lo mismo que como parte de las denuncias que se elevaron ante esa instancia se imputó en su momento al Estado venezolano: Denegación de justicia ¿Por qué la CIDH no termina de pronunciarse, y por el contrario, guarda aún un distante y doloroso silencio sobre los hechos?

Amanecerá, porque siempre amanece, y veremos.

http://www.lapatilla.com/site/2011/04/10/gonzalo-himiob-santome-al-menos-tres-preguntas-sin-respuesta-sobre-el-11a/

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